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Until the end of light

When night falls life changes, people transform themselves, places acquire a different atmosphere, away from the bathed in sunlight. There is a surprising alteration of the sensations. Suddenly, what was kind and peaceful happens to become a scenario where everything is possible. It is as if each day had a double personality: the one that shows openly and the one that remains hidden, waiting to be unveiled by the magic of the moon or music.

 

The events that happen at night are ephemeral and elusive. Some even disappear from conscious memory, pretending never to have happened, falling into a kind of black hole from which they cannot return. Due to its fleeting nature, one of the few ways to rescue these moments is by capturing a solid, but evanescent image. This means, managing to save the content without losing the ethereal.

 

The night photographer must be able to merge with the shadow, align with the rhythm and integrate with those who enjoy dancing. It is not an easy work and requires intense dedication. Miguel Soler-Roig manages to enter the territory of darkness to subtract its essence and capture it in this series of photographs. Until the end of light is a masterful immersion exercise in the night where colors and light are amplified and fused to achieve a perfect communion, enhanced within the predominant black.

 

Greens, purples and electric blues sparkle in the vivid spaces revealing the silhouettes of people masked among clouds of smoke and flashing lights. Trapped in the bubbles of an artificial universe, the characters get carried away by the flow of events: performances, DJ's and dancers tinged with an unusual extravaganza. Everything happens quickly, however, the photographs manage to rescue the necessary gestures, the essential shadows and the framing enough to give us the keys. Time is condemned to exhaust the night, until the end of the illusory light, until the sun rises.

 

 

Until the end of light

Cuando cae la noche la vida cambia, las personas se transforman, los lugares adquieren una atmósfera diferente, alejada de la bañada por la luz del sol. Se produce una sorprendente alteración de las sensaciones. De repente, lo que nos resultaba amable y pacífico pasa a convertirse en un escenario donde todo es posible. Es como si cada día tuviese una personalidad doble: la que enseña abiertamente y la que permanece oculta, esperando ser desvelada por la magia de la luna o de la música.

 

Los acontecimientos que ocurren en la noche son efímeros y escurridizos. Algunos incluso llegan a desaparecer de la memoria consciente, pretendiendo no haber ocurrido nunca, cayendo en una suerte de agujero negro del que no podrán regresar. Debido a su carácter fugaz, una de las pocas formas de rescatar estos momentos es mediante la captación de una imagen sólida, pero evanescente. Esto significa, logrando abstraer el contenido sin perder lo etéreo.

 

El fotógrafo nocturno debe ser capaz de mimetizarse con la sombra, aliarse con el ritmo e integrarse entre los que se deleitan con el baile. No es trabajo fácil y requiere una intensa dedicación. Miguel Soler-Roig consigue adentrarse en el territorio de la oscuridad para sustraer su esencia y plasmarla en esta serie de fotografías. Until the end of light es un magistral ejercicio de inmersión en la noche donde los colores y la luz se amplifican y fusionan para lograr una comunión perfecta, realzada dentro del negro predominante.

 

Verdes, púrpuras y azules eléctricos destellan en los vívidos espacios desvelando las siluetas de gente enmascarada entre nubes de humo y flashes parpadeantes. Atrapados en las burbujas de un universo artificial, los personajes se dejan llevar por el fluir de los acontecimientos: performances, DJ’s y bailarines teñidos de una extravagancia insólita. Todo pasa deprisa, sin embargo, las fotografías consiguen rescatar los gestos necesarios, las sombras imprescindibles y el encuadre suficiente para aportarnos las claves. El tiempo está condenado a agotar la noche, hasta el final de la luz ilusoria, hasta que salga el sol.

© 2018 Miguel Soler-Roig